martes, febrero 21, 2006

Carlos Schwalb Tola

De Carlos Schwalb Tola conocía apenas dos cuentos. El primero, “Fuego”, lo encontré en la valiosa antología de narradores de la generación de 1980 En el camino, de Guillermo Niño de Guzmán. “Fuego” es la historia de un niño pirómano que se siente liberado con la perspectiva de convertir su hogar en cenizas. En el segundo cuento, “Descerrajar”, que apareció en una revista local, un niño descubre que un tío suyo se ha suicidado disparándose un tiro en la cabeza. Sus parientes emplean el verbo descerrajar para explicar el acto, y el niño queda impresionado “por su sonoridad y por su proximidad fónica y semántica con palabras como cerrojo, aherrojar, cerradura, que tenían para mí, en mi imaginación infantil, oscuras resonancias medievales”.
El primer y hasta ahora único libro de Schwalb, Dobleces, fue publicado en 2000 por la Editorial Nido de Cuervos y, según tengo entendido, es inhallable en librerías. Con mucha suerte, di con él hace poco y acabo de leerlo con una extraña mezcla de asombro, incertidumbre y placer. Se trata de un volumen extraordinario.
En Dobleces todos los personajes son desdichados. Si son niños, sufren por sus padres; si son adultos, aman en silencio, tienen relaciones horrendas o recuerdan rupturas dolorosas. Por eso necesitan hacer algo, cualquier cosa, para dar el punto de quiebre a sus existencias. En “Lo esencial”, para poner un solo ejemplo, un hijo es atormentado por un padre que vende todas sus pertenencias, incluyendo su propia casa, sin razón aparente (“por esa lógica oscura que a veces guiaba sus acciones y que no admitía réplica”). El hombre solo conserva un piano que ambos trasladan penosamente mientras escapan de su pueblo de origen. El niño, que detesta cumplir con este encargo, a fin de cuentas encuentra la salvación cuando logra interpretar todas estas acciones visiblemente desquiciadas de su padre.
El nivel del libro es muy parejo, pero resaltan, además de los cuentos nombrados, "La fiesta debe continuar" y "El regreso" (que hace recordar por momentos a “La segunda juventud” de Luis Loayza).
Mi inquietud sobre Dobleces es la siguiente: ¿nadie ha pensado en reeditar un libro tan notable como este? Si un autor como Schwalb Tola no es lo suficiente promocionado, ¿los lectores que desean conocer su obra simplemente no podrán hacerlo?

1 comentario:

Anónimo dijo...

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Gracias!